miércoles, 7 de marzo de 2007

ABA: La liga más 'freak'

La legendaria competición sobrevive a base de impactos mediáticos y rarezas

El basket moderno no podría entenderse sin la ABA, la liga profesional estadounidense de la pelota tricolor, los peinados afro y la línea de tres puntos que desde 1967 hasta 1976 pugnó duramente con la NBA por la supremacía del reino profesional de la canasta. Julius Erving, Connie Hawkins, George Gervin o Moses Malone dejaron en ella un legado de espectáculo y pasión que todavía pervive entre muchos nostálgicos del basket de los buenos tiempos.

Dos de los más fanáticos fueron Joe Newman y Dick Tinkham, dos empresarios de Indianapolis que a mediados de los 90 pagaron 50.000 dólares por hacerse con los derechos de las siglas. En cuatro años crearon la que se convertiría en la “mayor liga profesional del mundo”, en palabras de ellos mismos. Obviamente no se referían tanto a calidad como a cantidad.

Ciertamente, siete años después de aquello alrededor de 50 franquicias compiten de noviembre a marzo en una alocada competición, distribuidas en grupos con nombres míticos como Spencer Haywood Division. Las siglas y el balón tricolor es casi lo único que queda de aquella liga mítica de los 70, reconvertida ahora en un gigantesco torneo semi-profesional en el que un grupo de jugadores participa por diversión, orgullo y la oportunidad de demostrar cualidades.

Otras característica que tiene en común esta ABA con su predecesora es la obsesión mediática. A ello han contribuido fenómenos diversos como la presencia en equipos técnicos o en los despachos de ex jugadores NBA como Tim Hardaway, Darryl Dawkins o Dennis Scott in Atlanta. También es 'noticia' que la madre de Allen Iverson sea propietaria de un equipo en Richmond o que el periodista Alexander Wolff abandone sus columnas en Sports Illustrated para dedicar sus esfuerzos a fundar y hacer crecer los Vermon Frost Heaves.

Hacerse con una franquicia no es descabellado. Los derechos de ingreso no superan los 20.000 dólares, a los que hay que añadir unos 120.000 dólares de nómina y una cantidad inferior de gastos logísticos. “Si el alquiler de la pista no es elevado mantener un equipo es sostenible si tienes sponsor y unos 2.000 aficionados fieles que acuden a los partidos”, explica Wolff.
El último 'boom' mediático ha sido el debut en esta liga de Sun Ming Ming, según todos los registros el jugador más alto que jamás se ha visto sobre una cancha. Este jugador de Harbin apareció por un college de Iowa en 2005 declarándose elegible para el draft de la NBA. Nadie le escogió pero su intento por llegar le llevó primero a la USBL y posteriormente a la ABA. Esta temporada juega en los Maryland Nighthawks.

Las reglas también contribuyen a que el espectáculo resulte 'original', cuanto menos. Hay siete segundos para pasar de campo y las canastas de medio campo valen cuatro. Pero la más disparatada, y posiblemente la más genial, es la del undécimo jugador, que permite a cada equipo local alinear a un ciudadano anónimo en cada partido, lo que hace las delicias de la comunidad