sábado, 24 de marzo de 2007

El cambio de hora primaveral altera más que el de otoño

  • El día espontáneo de un ser humano dura 24,7 horas, pero el de mañana tendrá 23.

El adelanto de una hora que deben acatar todos los relojes de la Unión Europea a las dos de la próxima madrugada atenta más intensamente contra los ritmos biológicos humanos que el que sucederá en la noche del último fin de semana de octubre, cuando se vuelvan a atrasar los 60 minutos que perderemos ahora. Así lo demuestran los estudios del Grupo de Cronobiología de la Facultat de Farmàcia de la UB, que dirige Antonio Díez Noguera, cuya principal conclusión, puntualiza, es que la repercusión del cambio horario resulta en ambos casos leve.La función del horario de verano, decretada en España por el Ministerio de Industria, es propiciar el ahorro en el consumo de luz eléctrica e intentar que un atardecer más largo con iluminación natural favorezca la vida social, el ejercicio al aire libre y la salud, describe el argumento oficial. Pero la obtención en una sola noche de todas esas ventajas tiene alguna contrapartida fisiológica, que se suma al desajuste espontáneo y constante que ya existe a diario entre los ciclos internos del cuerpo humano y los relojes: una convención pactada de 24 horas exactas.

SOLO EN UNA CUEVA

Si a un individuo lo dejan en una cueva o en un búnker, aislado y sin referentes externos, mantendrá un ritmo cíclico diario en el que sin necesidad de reloj pautará los tiempos de comer, trabajar, divertirse y dormir. El tiempo invertido en todo eso, explica el doctor Díaz Noguera, será de 24,7 horas. El descanso coincidirá con las horas sin luz, porque en ese periodo del ciclo, el más calmado, es más fácil segregar las principales hormonas imprescindibles para la vida."Aunque nuestra tendencia sería levantarnos cada día un poco más tarde, todas las mañanas nos obligamos a poner en hora los centros cerebrales que regulan nuestro reloj interno --afirma Díez Noguera--. La próxima noche, el esfuerzo de adaptación será mayor porque el día no solo no tendrá 24,7 horas, sino que será de 23 exactas".

RELOJ INTERNO

El núcleo cerebral que regula el reloj interno humano, llamado centro supraquiasmático, se encuentra en el hipotálamo y de él depende la regulación de la temperatura corporal, la de la tensión arterial, la frecuencia rítmica del corazón, la secreción hormonal y los deseos fundamentales para la supervivencia, el hambre entre ellos.Cuando se alteran sus ciclos, explica el profesor, el cuerpo se resiente y aparecen trastornos digestivos, pérdida de concentración y memoria, dolor de cabeza, poco rendimiento en el trabajo, mal humor y riesgo aumentado de sufrir algún tipo de accidente. "Quienes trabajan de noche y duermen de día nunca consiguen descansar del todo --asegura el fisiólogo Díez Noguera--. Por más que intenten desplazar su ciclo vital a las horas sin luz natural, el cambio es imposible porque deberían cambiar todo lo que ocurre a su alrededor durante el día, incluido el ritmo cotidiano de su familia".Sincronizar todo el universo de forma que suceda de noche lo que habitualmente pasa de día no está al alcance de todo el mundo, añade, y de ahí que muchos trabajadores con horario nocturno no se adapten nunca y enfermen. "Eso que hacen los jóvenes de saltarse el sueño de noches completas es una agresión gravísima contra el organismo", sostiene este experto.