miércoles, 7 de marzo de 2007

El Ulster se juega su autonomía en las urnas con gran apatía

  • Los norirlandeses desvían la atención hacia temas como la inflación generalizada
  • El Gobierno de poder compartido entre Sinn Féin y DUP no está garantizado

Irlanda del Norte se juega hoy su estabilidad política y la devolución de la autonomía, pero en la calle los asuntos que preocupan a los votantes son más prosaicos. Horas antes de acudir a las urnas, las prioridades entre los electores, en un Belfast pujante y relajado, reflejan una aburrida cotidianidad democrática, impensable hace una década. "Los políticos deben concentrarse en mejorar el sistema de transportes prehistórico que tenemos", dice un joven. "La sanidad y los colegios son lo más importante, porque tengo dos hijos", afirma un padre.

BONANZA ECONÓMICA

Los políticos quizá no han querido tomar nota, pero casi 10 años después de la firma de los Acuerdos de Paz de Viernes Santo y 13 desde que el IRA anunciara el alto el fuego, para la mayoría de los norirlandeses el conflicto y los enfrentamientos sectarios han acabado. La situación dista de ser perfecta, pero una bonanza económica, altamente subvencionada, y el cese de la violencia hacen que la inquietud se desvíe ahora hacia la subida de los precios de la vivienda o las tarifas del agua. "A primera vista es un signo alentador del retorno a la normalidad", afirma el veterano observador político y senador norirlandés Maurice Hayes.Las competencias locales deben quedar a finales de este mes en manos de los 108 miembros de la Asamblea de Stormont que hoy salgan elegidos. Pero cuando las urnas se sellen y el recuento, con la habitual lentitud irlandesa, concluya el viernes, seguirá sin estar claro si los virtuales ganadores, el Partido Unionista Democrático (DUP) de Ian Paisley y los republicanos del Sinn Féin (SF), lograrán formar un Gobierno.

La fecha límite para que los enemigos irreconciliables compartan el poder y restauren la autonomía es el 26 de marzo, y fue fijada por el primer ministro británico, Tony Blair, y su homólogo irlandés, Bertie Ahern. Si para entonces no hay acuerdo, el Gobierno de Londres ampliará los poderes compartidos con Dublín, cerrará definitivamente Stormont y suprimirá los sueldos de los miembros de la Asamblea, decisión que aplauden el 74% de los electores.Gerry Adams, el líder del Sinn Féin, repitió ayer que los republicanos "están listos para gobernar", y esperan que el reverendo Paisley, apodado Dr. No por su inflexible rechazo a cualquier pacto, termine aceptando un compromiso.

Al menos en esta campaña, el irreductible octogenario ha dejado de insultar públicamente al Sinn Féin, lo que muchos interpretan como un signo alentador. Entre los optimistas se encuentra el antiguo senador estadounidense George Mitchell, quien ayer declaró a la radiotelevisión irlandesa (RTE) que la formación de un Gobierno compartido es "inevitable". El mediador que presidió las negociaciones que condujeron a los acuerdos de paz, en abril de 1998, calificó de "significativo", el paso dado recientemente por el Sinn Féin al aceptar la autoridad de la policía de Irlanda del Norte.

LA IMPORTANCIA

El mayor temor de las formaciones es que los votantes se dejen llevar por la desgana y prefieran no votar. La de hoy es la tercera vez que eligen la Asamblea. En la última ocasión, en el 2003, no se llegó a formar Gobierno. "No permita que la apatía dicte el futuro", rezaba ayer el titular del editorial del Belfast Telegraph, advirtiendo a sus lectores que "la falta de lustre de la campaña electoral no debe hacer dudar de la importancia" de la cita.El último sondeo publicado por el Belfast Telegraph otorga al DUP el 25% de los votos, el 22% al SF y el 20% a los nacionalistas Partido Social Democrático y Laborista (SDLP), el 16% al Partido Unionista del Ulster (UUP), el 9% al Partido de la Alianza (AP) y el 3% a Los Verdes. Con estos resultados, sumando los votos del SF y del SDLP, la futura Asamblea autonómica contaría con una mayoría nacionalista.